Cuñado vs. hipercuñado: hemos industrializado el no saber

Sociedad ruidosa. Antes estaba el cuñado. Todos conocemos uno. Había leído poco. Había comprobado menos. Pero después de dos vinos podía explicarte perfectamente: por qué España va mal qué debería hacer el Banco Central Europeo cómo terminar una guerra por qué los jóvenes no quieren trabajar y quién tendría que entrenar al Real Madrid Era…

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Sociedad ruidosa.

Antes estaba el cuñado.

Todos conocemos uno.

Había leído poco.

Había comprobado menos.

Pero después de dos vinos podía explicarte perfectamente:

por qué España va mal

qué debería hacer el Banco Central Europeo

cómo terminar una guerra

por qué los jóvenes no quieren trabajar

y quién tendría que entrenar al Real Madrid

Era entrañable.

Porque al menos sabíamos una cosa:

el cuñado no sabía.

Ahora tenemos un problema nuevo.

El cuñado ha evolucionado.

Tiene Twitter.

Tiene TikTok.

Tiene podcasts.

Tiene newsletters.

Tiene Telegram.

Tiene gráficos.

Tiene capturas de pantalla.

Tiene inteligencia artificial.

Y sobre todo tiene una frase que cambia absolutamente todo:

“Infórmate.”

Bienvenidos al hipercuñado.

El cuñado tenía opiniones. El hipercuñado tiene contenido

Esta diferencia parece pequeña.

No lo es.

El cuñado tradicional decía:

“Yo creo que…”

El hipercuñado empieza:

“Está demostrado que…”

Después llega el enlace.

El problema es que quizá:

el estudio no dice eso

la gráfica empieza convenientemente en 2021

el vídeo está cortado

la cifra compara dos cosas diferentes

el titular exagera el artículo

la noticia cita otra noticia que cita un tuit

el supuesto experto vende exactamente aquello que recomienda

o ChatGPT acaba de inventarse una referencia con una seguridad impecable

Pero el contenido existe.

Y tener contenido produce una sensación extraordinaria:

tener razón.

Nunca hemos tenido tanta información

Y nunca había sido tan difícil saber qué demonios está pasando.

Ahí está la paradoja.

Tenemos:

periódicos

televisión

podcasts

YouTube

TikTok

X

Reddit

Telegram

Substack

streamers

influencers

expertos

pseudoexpertos

IA generativa

y millones de ciudadanos comentando acontecimientos en tiempo real

Podríamos imaginar que semejante abundancia produciría una sociedad extraordinariamente bien informada.

Está ocurriendo algo bastante diferente.

El Digital News Report 2026 del Reuters Institute muestra que, por primera vez en el conjunto de mercados estudiados, las redes sociales y plataformas de vídeo ya son una fuente de noticias más popular que la televisión y que las propias webs y aplicaciones de los medios. Al mismo tiempo, la preocupación global por la desinformación online ha aumentado hasta el 62%.

Tenemos más información.

Y confiamos menos en ella.

Excelente actualización del sistema.

En España confiamos en las noticias aproximadamente un tercio

En 2026, solo el 33% de los españoles encuestados afirma confiar generalmente en las noticias.

Y hay otro detalle interesante.

Persisten diferencias claras entre personas de izquierdas y de derechas sobre qué medios consideran fiables.

Eso significa que ya no discutimos simplemente sobre las conclusiones.

Cada vez discutimos también sobre:

qué ha ocurrido

qué fuente vale

qué experto sirve

qué dato aceptamos

qué periódico miente

y quién tiene derecho a definir la realidad

Antes había una discusión.

Ahora primero tenemos que negociar qué universo compartimos antes de empezar a discutir.

El problema no es solamente la desinformación

Ese término incluso se queda corto.

Porque cuando hablamos de desinformación imaginamos:

un bulo

una foto falsa

un dato inventado

una cuenta rusa

un montaje

Eso es relativamente sencillo.

Existe una afirmación.

La verificas.

Verdadero o falso.

Pero la mayor parte del problema informativo actual funciona de otra manera.

La información puede ser cierta.

Y aun así engañarte.

Ejemplo.

Un político dice una barbaridad.

El vídeo es completamente real.

Pero tú no ves los otros 3.000 políticos de ese espacio ideológico que no la dijeron.

Un inmigrante comete un delito.

Real.

Un empresario defrauda.

Real.

Una feminista dice algo delirante.

Real.

Un policía comete un abuso.

Real.

Un activista de derechas hace una declaración racista.

Real.

Todo puede ser verdad.

La manipulación aparece después.

Cuando alguien consigue que interpretes:

“esto ocurrió”

como:

“esto es lo que hacen ellos.”

Ahí nace el hipercuñado.

El hipercuñado no necesita mentiras

Necesita selección.

Esa es probablemente una de las cosas que menos entendemos de Internet.

No hace falta inventar una realidad.

Hay suficiente realidad disponible para construir prácticamente cualquier narrativa.

Busca durante veinte minutos y podrás demostrar aparentemente que:

España se está hundiendo

España nunca ha estado mejor

los inmigrantes destruyen el país

los inmigrantes sostienen el país

los empresarios explotan a todo el mundo

los empresarios mantienen todo funcionando

los jóvenes son vagos

los jóvenes son una generación extraordinariamente preparada

la inteligencia artificial eliminará todos los empleos

la inteligencia artificial creará millones

Todo dependerá de:

qué periodo eliges

qué indicador usas

qué excepciones muestras

qué excepciones escondes

qué país comparas

y dónde cortas la gráfica

No necesitas mentir.

Solo necesitas editar.

Y vivimos dentro de una gigantesca sala de edición

Eso es un feed.

Una selección.

Alguien decide qué entra.

Antes lo hacía un director de periódico.

Ahora también lo hace:

un algoritmo

un influencer

un amigo

un político

un creador

una inteligencia artificial

y tú mismo

Porque cada vez que haces clic estás entrenando a la máquina.

Te indignó.

Te enseña más.

Te dio miedo.

Más.

Te confirmó lo que pensabas.

Mucho más.

Y acabas recibiendo una representación del mundo construida parcialmente alrededor de aquello que consigue mantenerte mirando.

El Reuters Institute señala precisamente una paradoja de 2026: mientras crece el consumo informativo a través de plataformas y comienza a crecer mediante chatbots de IA, aumenta también la preocupación por la confianza y la desinformación. A escala global, solo un 22% dice confiar habitualmente en las noticias encontradas en redes sociales y un 20% en las obtenidas mediante chatbots.

Sabemos que el sistema no nos parece fiable.

Y seguimos utilizándolo.

Porque es cómodo.

Hemos confundido estar expuestos a información con estar informados

Puedes consumir tres horas diarias de política.

Y saber muy poco.

De hecho, incluso puedes saber menos.

Porque durante tres horas has adquirido:

nombres

frases

enemigos

escándalos

memes

argumentos

respuestas preparadas

Pero quizá sigues sin saber:

cómo funciona el sistema de pensiones

qué porcentaje del presupuesto público se dedica realmente a cada partida

cómo funciona una ley

qué competencias tiene una comunidad autónoma

cómo se calcula el desempleo

qué diferencia hay entre déficit y deuda

cómo funciona el mercado eléctrico

qué puede decidir realmente Bruselas

o de dónde sale exactamente esa estadística que llevas dos semanas compartiendo

Pero sabes perfectamente qué contestar.

Eso es nuevo.

Tenemos ciudadanos con enormes arsenales argumentales y mapas bastante pobres de la realidad.

El cuñadismo se ha profesionalizado

Antes el cuñado te decía:

“Esto lo arreglaba yo en dos días.”

Ahora te dice:

“He escuchado un episodio de 2 horas y 47 minutos donde lo explican perfectamente.”

No lo ha comprobado.

Pero ha sufrido.

Ha invertido casi tres horas.

Eso genera propiedad emocional.

Después de tres horas escuchando algo, admitir que podría estar equivocado resulta bastante desagradable.

Así que empieza la defensa.

Te manda otro vídeo.

Otra gráfica.

Otro experto.

Otro hilo.

Otro episodio.

Y poco a poco ocurre una transformación.

Ya no está investigando para saber qué ocurrió.

Está buscando munición para sostener quién cree que es.

Ahí hemos perdido una batalla cultural

No porque todo el mundo sea ignorante.

Sino porque hemos convertido el conocimiento en identidad.

“Yo me informo.”

“Yo no veo la televisión.”

“Yo sigo medios independientes.”

“Yo escucho podcasts largos.”

“Yo leo medios internacionales.”

“Yo utilizo IA.”

Fantástico.

Nada de eso garantiza que estés mejor informado.

Solo describe el canal por el que puedes equivocarte.

Una mentira de quince segundos sigue siendo una mentira.

Pero una tontería de tres horas sigue siendo una tontería.

La duración no convierte contenido en conocimiento.

El micrófono Shure tampoco.

Y la inteligencia artificial puede crear al hipercuñado definitivo

Porque ahora tenemos una máquina que puede hacer algo extraordinario.

Convertir una intuición pobre en un argumento espectacular.

Tú preguntas:

“Dame argumentos de por qué X es malo.”

Y obtienes:

estructura

datos

precedentes

analogías

vocabulario técnico

objeciones

respuesta a las objeciones

Todo ordenado.

Todo convincente.

Todo en siete segundos.

La IA puede democratizar el acceso al conocimiento.

Pero también democratiza algo bastante menos celebrado:

la capacidad de parecer que sabes.

Antes necesitabas veinte años para desarrollar una falsa seguridad intelectual impresionante.

Ahora necesitas un buen prompt.

Entonces, ¿hemos perdido?

Parte de la batalla, probablemente sí.

El viejo modelo donde unas pocas cabeceras determinaban mayoritariamente la agenda informativa ya no existe.

En España, el Reuters Institute describe un ecosistema donde la confianza general en las noticias se sitúa en el 33%, las diferencias políticas siguen condicionando la percepción de los medios y las plataformas digitales ocupan un espacio creciente.

No vamos a regresar a 1998.

Ni sería necesariamente deseable.

La solución no puede ser:

“Confía otra vez ciegamente en los medios.”

Tampoco:

“Confía en los alternativos.”

Ni:

“Confía en esta IA.”

Ni siquiera:

“Confía en mí.”

La solución probablemente sea bastante más incómoda.

Aprender a desconfiar mejor.

Primer truco: separa hechos de interpretación

Esto parece absurdo.

Hazlo.

Cuando escuches una noticia intenta identificar:

qué sabemos

qué se interpreta

qué se predice

y qué se opina

“España creó X empleos”

es una afirmación verificable.

“España tiene un mercado laboral extraordinario”

es una valoración.

“Esto demuestra que la política del Gobierno funciona”

es una interpretación causal.

“El próximo año continuará”

es una predicción.

Cuatro cosas diferentes.

En Internet suelen venir empaquetadas como una sola.

Desempaquétalas.

Segundo: busca siempre la fuente anterior

Un influencer cita un periódico.

Abre el periódico.

El periódico cita un informe.

Abre el informe.

El informe cita una estadística.

Busca la estadística.

Muchas narrativas espectaculares sufren una enfermedad bastante curiosa.

Mueren cuando llegas al documento original.

A veces descubrirás que el titular era correcto.

Otras que el estudio decía casi lo contrario.

Ambas posibilidades son útiles.

Tercero: sospecha especialmente de aquello con lo que estás totalmente de acuerdo

Este es probablemente el truco más importante de todos.

Si lees algo y tu primera reacción es:

“EXACTO.”

Alarma.

No porque sea falso.

Porque tu cerebro acaba de recibir cocaína epistemológica.

Confirmación.

Tu equipo tiene razón.

El otro es idiota.

Todo encaja.

Ese es precisamente el momento en que menos ganas tendrás de comprobar nada.

Hazlo entonces.

Cuarto: intenta destruir tu propia opinión

No busques:

“por qué tengo razón sobre inmigración”

Busca:

“mejores argumentos contra mi posición sobre inmigración”

No:

“evidencias de que la energía nuclear es buena”

Sino:

“principales problemas de la energía nuclear y evidencia disponible”

Después haz lo contrario.

El objetivo no consiste en encontrar un punto medio artificial.

Hay asuntos donde la evidencia favorece claramente una explicación.

El objetivo es saber:

qué evidencia conseguiría que cambiaras de opinión.

Si la respuesta es:

“ninguna”

no tienes una conclusión.

Tienes una religión.

Quinto: no permitas que tu bando piense por ti

Todos tenemos tribus.

El problema empieza cuando externalizamos en ellas nuestro juicio.

Si sabes qué debes pensar sobre una noticia antes de conocer los detalles simplemente porque conoces:

quién la protagoniza

qué partido gobierna

qué periódico la publica

o qué grupo la comparte

entonces no estás procesando información.

Estás ejecutando software tribal.

Derecha.exe.

Izquierda.exe.

Progre.exe.

Facha.exe.

Da igual cuál.

El funcionamiento es exactamente igual.

Input.

Identidad.

Respuesta automática.

Sexto: aprende a decir “no lo sé”

Esta frase debería ser símbolo de estatus intelectual.

No lo es.

Internet premia:

certeza

velocidad

opinión

Pero prácticamente cualquier asunto importante tiene especialistas que llevan veinte años discutiéndolo.

Entonces aparece alguien que descubrió ayer el problema de Oriente Medio y escribe:

“Es muy sencillo.”

Probablemente no.

Aprender a decir:

“no conozco suficiente”

“tengo una impresión, pero no estoy seguro”

“necesitaría ver los datos”

no te hace intelectualmente débil.

Significa que tu sistema todavía admite actualizaciones.

Séptimo: una captura de pantalla no es una fuente

Gráfica sin origen.

Basura.

Tabla sin periodo.

Basura.

Vídeo sin contexto.

Sospechoso.

Número sin denominador.

Sospechoso.

Estudio sin enlace.

Sospechoso.

Encuesta sin ficha técnica.

Sospechoso.

“Un experto afirma.”

¿Quién?

“Los científicos dicen.”

¿Cuáles?

“Está demostrado.”

Enséñamelo.

No necesitas convertirte en investigador.

Necesitas desarrollar algo mucho más básico:

fricción cognitiva.

Que una afirmación no pueda entrar directamente desde TikTok hasta tu visión del mundo sin pasar por aduanas.

Octavo: consume fuentes que te irriten

No propaganda.

Fuentes razonablemente rigurosas con marcos distintos al tuyo.

Esto es diferente.

Leer deliberadamente algo escrito desde una perspectiva distinta puede mostrarte qué partes de un asunto tu ecosistema habitual está ignorando.

No tienes que acabar de acuerdo.

Ese tampoco es el objetivo.

El objetivo es evitar que un grupo político o cultural tenga control monopolístico sobre las preguntas que te haces.

Noveno: lee menos noticias y más contexto

Esto parece contradictorio.

Puede que te informe mejor.

Quince actualizaciones sobre una crisis política en un día probablemente aporten menos comprensión que:

un buen libro

un informe

una serie estadística

una ley

un documento institucional

un análisis de largo formato

El ciclo informativo está optimizado para detectar:

qué acaba de ocurrir.

El conocimiento necesita otra pregunta:

¿por qué está ocurriendo?

No son lo mismo.

Décimo: diferencia periodista, activista, experto, comunicador y vendedor

Pueden incluso ser la misma persona.

Pero necesitas saber qué sombrero lleva en cada momento.

Un economista puede tener ideología.

Un periodista puede tener opinión.

Un científico puede tener incentivos.

Un influencer puede tener patrocinadores.

Un político quiere votos.

Una empresa quiere ventas.

Una ONG quiere conseguir determinados cambios.

Un medio quiere audiencia y sostenibilidad económica.

Nada de esto invalida automáticamente lo que dicen.

Pero el contexto importa.

Pregúntate siempre qué incentivo tiene quien está delante.

También cuando dice exactamente lo que quieres escuchar.

Y añade una última pregunta

Antes de compartir algo:

“¿Esto me está informando o me está haciendo sentir algo?”

Miedo.

Superioridad.

Rabia.

Indignación.

Orgullo.

Venganza.

Pertenencia.

A veces una noticia legítima produce esas emociones.

Pero si todo lo que consumes produce continuamente una de ellas, quizá no estás utilizando un medio de información.

Estás utilizando una máquina emocional.

Salir del cuñadismo no significa convertirse en neutral

Puedes tener valores.

Ideología.

Preferencias políticas.

Convicciones.

De hecho, probablemente las tendrás.

La solución no consiste en mirar cada asunto y decir:

“los dos lados tienen razón.”

A veces uno tiene claramente mejores evidencias.

A veces ambos se equivocan.

A veces simplemente hablamos de valores incompatibles.

La salida consiste en algo diferente.

Que tus valores no decidan cuáles son los hechos.

Primero intenta entender qué está ocurriendo.

Después decide qué piensas.

Internet nos ha enseñado exactamente lo contrario.

Primero decide quién eres.

Después encuentra contenido para demostrarlo.

Porque el objetivo final tampoco es estar mejor informado

Es hacer algo con ello.

Aquí llegamos probablemente al problema cultural más grande.

Tenemos una sociedad espectacularmente entrenada para:

comentar

criticar

indignarse

corregir

ridiculizar

pronosticar

y señalar culpables

Pero una sociedad no avanza porque todo el mundo tenga una opinión sobre el futuro.

Avanza porque alguien:

crea una empresa

investiga

enseña

programa

construye

invierte

diseña

cuida

inventa

organiza

escribe

produce

arriesga

y resuelve problemas

Mientras discutimos durante cuatro horas sobre si España se está destruyendo, alguien está construyendo un robot.

Mientras peleamos por un clip de 17 segundos, alguien está desarrollando una nueva batería.

Mientras insultamos a una persona con 34 seguidores, alguien está montando una empresa.

Mientras nosotros ganamos una discusión:

otro está construyendo futuro.

Quizá esa sea la salida

Menos energía dedicada a demostrar que eres más listo que el otro.

Más energía dedicada a convertirte en alguien capaz de hacer cosas.

Leer.

Aprender.

Contrastar.

Cambiar de opinión.

Dominar algo.

Crear.

Colaborar con gente que piensa diferente.

Construir patrimonio.

Crear empresas.

Aprender tecnología.

Formar a otros.

Resolver problemas reales.

Porque existe una diferencia gigantesca entre:

tener razón sobre el mundo

y

ser útil para el mundo.

El cuñado quería ganar la conversación.

El hipercuñado quiere ganar Internet.

Quizá la siguiente evolución tenga que hacer algo mucho más difícil.

Cerrar Twitter.

Admitir que no sabe.

Aprender algo de verdad.

Y ponerse a construir.