El método que separa lo que sabemos de lo que nos han contado.
Documentos antes que declaraciones
Cuando existe un papel, un expediente, un registro o un conjunto de datos, lo buscamos y lo leemos entero, no solo el resumen. Siempre que podamos publicarlo sin comprometer a una fuente, lo publicamos junto a la pieza para que cualquiera compruebe si lo hemos leído bien.
Una declaración no demuestra un hecho: demuestra que alguien lo dijo. La diferencia aparece siempre reflejada en el texto.
Dos fuentes independientes
Ninguna afirmación de hecho relevante se publica sostenida por una sola voz interesada. Independientes significa que no comparten origen: dos personas del mismo gabinete repitiendo la misma versión son una sola fuente.
Si solo tenemos una fuente y la información es de interés público suficiente, se puede publicar diciéndolo con todas las letras: quién lo sostiene, qué no hemos podido confirmar y por qué lo publicamos igualmente.
Derecho a réplica antes de publicar
A toda persona u organización que vaya a quedar señalada en una pieza se le traslada, antes de publicar, qué vamos a contar y se le da un plazo razonable para responder. Razonable significa tiempo real para reunir su versión, no una llamada veinte minutos antes de publicar.
Si responde, su versión aparece en la pieza. Si no responde, se dice expresamente que se le preguntó y no contestó. El silencio se informa, no se interpreta.
Imágenes y vídeos de terceros
Nada que circule por redes se publica sin verificar antes su origen. Comprobamos cuándo aparece por primera vez, si existe en versiones anteriores, si el lugar coincide con lo que se afirma, y si los detalles visibles —señalización, vegetación, clima, matrículas, sombras— encajan con la fecha y el sitio.
Cuando no se puede verificar, no se publica. No vale el recurso de «circula en redes un vídeo que supuestamente muestra»: eso difunde el material y traslada al lector la carga de comprobarlo.
Cifras, estudios y encuestas
De cualquier dato que publiquemos indicamos la fuente primaria, la fecha y qué mide exactamente. Cuando la cifra procede de un estudio, miramos el estudio, no la nota de prensa del estudio: el tamaño de la muestra, quién lo financia y si está revisado importan tanto como el resultado.
De las encuestas se hace constar quién la encarga, quién la realiza, el tamaño muestral, las fechas del trabajo de campo y el margen de error. Una encuesta sin esos datos no es información, es publicidad.
Cuando el consenso y los hechos no coinciden
Que una versión sea mayoritaria no la convierte en cierta, y que sea minoritaria tampoco convierte a otra en verdadera. Verificamos las dos con el mismo rasero. Contradecir el relato dominante no es nuestro objetivo, es a veces la consecuencia; cuando ese relato coincide con los hechos, lo decimos igual.
Lo que no hacemos es «equilibrar» artificialmente: dar el mismo peso a una posición documentada y a otra sin pruebas no es neutralidad, es desinformar con buenos modales.
Lo que no sabemos
La incertidumbre forma parte de la información. Un dato sin confirmar se publica etiquetado como sin confirmar, o no se publica. Si una pieza tiene un agujero —un documento al que no hemos accedido, una parte que no ha querido hablar—, el agujero se cuenta.
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