Blue Monday: Europa se despierta enfadada, inundada y con ganas de votar contra alguien

Hoy es lunes. Francia recoge cristales. Italia cuenta detenidos. Portugal acampa por una vivienda. España entra en precampaña después de adelantar elecciones generales. Alemania mira hacia una derecha cada vez más dura mientras intenta recordar cómo demonios se vuelve a crecer. Y en el Mediterráneo tenemos otra DANA. Esta vez se llama Adam. Porque hemos…

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Hoy es lunes.

Francia recoge cristales.

Italia cuenta detenidos.

Portugal acampa por una vivienda.

España entra en precampaña después de adelantar elecciones generales.

Alemania mira hacia una derecha cada vez más dura mientras intenta recordar cómo demonios se vuelve a crecer.

Y en el Mediterráneo tenemos otra DANA.

Esta vez se llama Adam.

Porque hemos llegado a un punto bastante curioso de la década:

las depresiones atmosféricas ya tienen nombre propio para que podamos distinguirlas de las depresiones políticas.

Bienvenidos al Blue Monday europeo.

No el invento publicitario de enero.

Uno de verdad.

Francia está ardiendo. Y no es solo Francia

El fin de semana francés ha sido brutal.

Las protestas comenzaron entre estudiantes descontentos con las condiciones educativas y terminaron incorporando reivindicaciones sobre salarios, coste de vida, precios y deterioro de servicios públicos.

Entre 550.000 y 800.000 personas participaron en las movilizaciones, según diferentes estimaciones recogidas por Reuters. Una parte minoritaria de las protestas derivó en graves disturbios, saqueos, incendios y enfrentamientos con la policía. Hubo más de 1.200 detenidos durante la jornada principal y más de 150 agentes heridos. Reuters

En Limoges ardió parte del ayuntamiento.

En Marsella hubo ataques contra edificios públicos.

En París algunos grupos consiguieron acercarse a pocos cientos de metros del Elíseo.

No es Mayo del 68.

Pero tampoco es una manifestación sindical de martes por la mañana.

El Gobierno francés ha culpado a grupos de ultraizquierda y delincuentes de buena parte de la violencia, mientras sectores de la oposición y los propios manifestantes señalan el deterioro de los servicios públicos, el coste de vida y la respuesta policial. Le Monde.fr

Macron entra además en los últimos meses de su presidencia con un Parlamento fragmentado, escaso margen fiscal y una autoridad política mucho más debilitada que durante crisis anteriores. Reuters describe esta etapa como una agonía política lenta después de años de inestabilidad parlamentaria. Reuters

La República Francesa tiene un pequeño problema.

Todo el mundo sabe que algo no funciona.

El desacuerdo empieza exactamente cuando preguntamos qué.

España ha decidido resolverlo votando otra vez

En España tenemos nuestra propia versión.

Pedro Sánchez convocó elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre de 2026, después de que el Congreso rechazara los decretos de vivienda impulsados por el Gobierno en plena crisis política y social provocada por el mercado residencial. Reuters

Así que tenemos:

crisis de vivienda

movilizaciones

decretos

derrota parlamentaria

elecciones

Exactamente el tipo de flujo de trabajo que demuestra que España sigue utilizando la democracia con una interfaz bastante sencilla:

si el sistema se bloquea, reinicia.

Ahora llegará la parte que conocemos perfectamente.

Debates.

Encuestas.

Sánchez.

Feijóo.

Vox.

La izquierda intentando recomponerse.

La derecha discutiendo hasta dónde desplazarse.

Promesas de vivienda.

Promesas de impuestos.

Promesas de estabilidad.

Promesas de cambio.

Y una ciudadanía intentando decidir si el problema de que no pueda pagar un alquiler se resuelve votando diferente.

Quizá sí.

Quizá parcialmente.

Pero el déficit estructural de vivienda no desaparece la mañana del 30 de noviembre.

Y ese es precisamente el asunto.

Las elecciones pueden cambiar gobiernos mucho más rápido que estructuras.

Mientras discutimos sobre vivienda, el agua entra por la puerta.

Y entonces aparece Adam.

No un ministro.

No un candidato.

Una DANA.

Desde septiembre de 2026, AEMET y los servicios meteorológicos del suroeste europeo empezaron a asignar nombres también a las DANAs de gran impacto, igual que ya hacían con determinadas borrascas. La lista de esta temporada empieza precisamente con Adam. AEMET

Así que sí.

Ya hemos llegado a la época en la que tendremos que recordar:

Adam

Bruna

Charles

Diane

Eric

Flora

Gabriel

Heloise

Igor

Julia

Kevin

Lola

Michel

Nathalie

Oscar

Paola

Rafael

Sandra

Thomas

Vera

Walter

Magnífico.

Pokémon meteorológico, pero con inundaciones.

Adam ha dejado lluvias extraordinarias en el Mediterráneo español.

Este lunes todavía permanecen avisos en Andalucía, Cataluña y Murcia después de una fase especialmente severa en la Comunidad Valenciana y Baleares. En Forna, Alicante, se registraron acumulaciones de hasta 720 litros por metro cuadrado durante el episodio, y el temporal ha dejado al menos cuatro fallecidos según el balance disponible este lunes. El País

AEMET había advertido de posibles acumulaciones de 200 a 300 milímetros en doce horas en algunas zonas del litoral valenciano. euronews

Hace dos años hablábamos de una DANA histórica.

Ahora empezamos a ponerles nombres.

No porque todas sean catastróficas.

Precisamente AEMET explica que nombrarlas permite distinguir aquellas con previsión de gran impacto.

Pero psicológicamente hay algo inquietante.

Estamos empezando a construir un calendario cultural del clima extremo.

Italia protesta mientras Meloni descubre que gobernar también desgasta

Italia parecía durante un tiempo una excepción.

Giorgia Meloni había conseguido algo poco habitual en la política italiana reciente:

estabilidad.

Luego apareció la realidad.

Durante los últimos días estudiantes han salido a las calles en Roma, Turín, Génova, Venecia, Padua y otras ciudades reclamando más recursos para educación y criticando el gasto militar.

En Turín hubo lanzamientos de piedras y huevos contra la policía. ANSA.it

Después llegó Milán.

Este fin de semana las protestas por servicios públicos deficientes y aumento del coste de vida terminaron en enfrentamientos, vandalismo y saqueos. La policía italiana detuvo a 271 jóvenes durante los disturbios del domingo. Reuters

Esto no significa que Italia esté entrando en una revolución.

Ni que todas las protestas sean iguales.

De hecho, buena parte de los asistentes se manifestó pacíficamente.

Pero sí existe algo interesante debajo.

Los jóvenes italianos están mostrando niveles bajos de apoyo al Gobierno de Meloni. Reuters señalaba este verano que su aprobación entre menores de 35 años rondaba el 25%. Reuters

Y todavía falta un ingrediente.

A la derecha de Meloni está creciendo Roberto Vannacci y su nuevo partido Futuro Nazionale, que ya rondaba el 4% en sondeos y afirmaba haber captado cerca de 100.000 afiliados pocos meses después de su creación. Reuters

Sí.

En Europa incluso la derecha empieza a tener una derecha.

Portugal estaba tranquilo hasta que dejó de estarlo

Portugal suele aparecer en estas conversaciones bastante menos que Francia, España o Italia.

Mala semana para mantener esa costumbre.

Decenas de miles de personas marcharon este sábado por Lisboa convocadas por la central sindical CGTP para protestar contra:

precios

salarios bajos

coste de vida

y especialmente vivienda

Reuters describe una presión creciente sobre el Gobierno de centroderecha de Luís Montenegro. Internazionale

En Lisboa, cientos de jóvenes instalaron después tiendas de campaña en la plaza del Rossio para reclamar alquileres asequibles, límites a las rentas y más vivienda pública. Protestas similares habían aparecido ya en Oporto. Reuters Connect

La frase que aparece una y otra vez en Portugal podría pronunciarla tranquilamente alguien en Madrid, Barcelona, París o Milán:

los salarios no siguen a la vivienda.

Ahí existe probablemente uno de los hilos que conectan todo este mapa europeo.

No es la ideología.

Es la distancia entre:

lo que cuesta vivir

y

lo que cuesta ganar suficiente para vivir.

Lisboa ya no es barata

Madrid ya no es barata.

Barcelona tampoco.

París nunca lo fue.

Milán tampoco.

La vivienda se ha convertido en una especie de idioma común europeo.

No hace falta compartir partido.

Ni bandera.

Ni sindicato.

Solo intentar alquilar un piso.

Ese simple acto ha conseguido algo que Bruselas lleva décadas intentando:

crear una experiencia europea compartida.

Y entonces miramos hacia Alemania

Alemania era la máquina.

Industria.

Exportaciones.

Automóviles.

Ingeniería.

Disciplina fiscal.

Gas barato.

China comprando.

Estados Unidos protegiendo.

Todo bastante ordenado.

Hasta que dejó de estarlo.

Ahora Alemania intenta responder simultáneamente a:

crecimiento débil

transformación industrial

costes energéticos

competencia china

gasto militar

digitalización

inmigración

y una profunda reconfiguración política

Este lunes una gran iniciativa empresarial alemana ha calculado que el país podría movilizar hasta 4,1 billones de euros de inversión hasta 2035 en áreas como inteligencia artificial, energía, infraestructura y defensa si consigue mejorar sus condiciones regulatorias y económicas. Reuters

Alemania quiere despertar.

El problema es que parte de Alemania quiere hacerlo de bastante mal humor.

AfD ya no está llamando a la puerta

Está comprobando si alguien dejó abierta una ventana.

Durante años los principales partidos alemanes mantuvieron un Brandmauer.

Un cortafuegos.

Nada de acuerdos con Alternative für Deutschland.

Nada de normalización.

Nada de cooperación.

Ese muro empieza a mostrar grietas.

Reuters informó este mes de señales crecientes de que el aislamiento parlamentario de AfD está debilitándose, hasta el punto de que el propio canciller Friedrich Merz ha advertido sobre la entrada del extremismo en el sistema parlamentario alemán. Reuters

En Sajonia-Anhalt, AfD y el BSW de Sahra Wagenknecht coincidieron recientemente para aprobar una moción simbólica contra la ayuda militar alemana a Ucrania.

El asunto resulta especialmente llamativo porque junta, al menos en una votación concreta, a una fuerza de extrema derecha y a una formación surgida de la izquierda radical alrededor de dos elementos comunes:

rechazo de la ayuda militar a Ucrania

y crítica al establishment político alemán. Reuters

Izquierda.

Derecha.

Rusia.

Inmigración.

Guerra.

Coste de vida.

La geometría política europea empieza a necesitar más dimensiones.

Y este es el error: creer que está ocurriendo una sola cosa

No.

Francia no es Italia.

Italia no es Portugal.

Portugal no es España.

Alemania tiene problemas diferentes.

Las protestas tampoco comparten necesariamente liderazgo, programa o solución.

Decir:

“Europa se está levantando”

es una frase estupenda para Telegram.

Y un análisis bastante pobre.

Lo que sí parece existir es una acumulación simultánea de tensiones alrededor de:

vivienda

coste de vida

servicios públicos

salarios

inmigración

seguridad

guerra

gasto público

futuro de los jóvenes

y confianza política

Eso no crea automáticamente una revolución europea.

Crea algo quizá más importante.

Una sensación europea de fatiga.

El ciudadano empieza a estar cansado de financiar futuros que nunca llegan

Transición energética.

Transición digital.

Defensa europea.

Reindustrialización.

Vivienda.

Pensiones.

Sanidad.

Educación.

Inteligencia artificial.

Infraestructuras.

Adaptación climática.

Todo es estratégico.

Todo es urgente.

Todo necesita cientos de miles de millones.

Y al ciudadano medio le sigue llegando:

el alquiler

la hipoteca

la factura

el supermercado

el impuesto

y otra noticia explicándole que dentro de quince años todo será maravilloso.

2030 lleva convirtiéndose en 2035 desde aproximadamente 2019.

Europa tiene dinero

Tecnología.

Universidades.

Infraestructuras.

Capital humano.

Instituciones.

Empresas.

Una moneda potente.

Mercado común.

Más de 400 millones de consumidores.

No estamos describiendo un continente fallido.

Precisamente por eso la frustración resulta tan peculiar.

Porque la sensación no es:

“no podemos.”

Es:

“¿cómo demonios puede costarnos tanto?”

Y luego está la guerra

Ucrania sigue ahí.

La seguridad europea sigue ahí.

El rearme también.

Las dudas sobre Estados Unidos también.

La energía también.

La geopolítica también.

Y los gobiernos tienen que explicar simultáneamente que:

hay que gastar más en defensa

pero también en vivienda

pero también en pensiones

pero también en adaptación climática

pero también bajar impuestos

pero también reducir deuda

pero también competir con China

pero también reconstruir industria

Pequeño problema matemático.

Blue Monday

Así llegamos a este lunes 19 de octubre.

Francia recuperándose de algunos de sus disturbios más graves en años. Reuters

Italia con protestas y cientos de jóvenes detenidos. Reuters

Portugal con tiendas de campaña en Rossio y decenas de miles de personas protestando por vivienda y coste de vida. Internazionale

España camino de unas elecciones generales anticipadas el 29 de noviembre. Reuters

Alemania intentando recuperar músculo industrial mientras su cortafuegos político frente a AfD empieza a ser puesto a prueba. Reuters

Y Adam descargando cientos de litros de agua sobre el Mediterráneo español. El País

Puesto todo junto parece el tráiler de una serie de Netflix bastante poco optimista.

Pero quizá conviene no equivocarse.

Europa no se está hundiendo este lunes

Está recibiendo demasiadas facturas al mismo tiempo.

La factura de haber construido pocas viviendas.

La de haber retrasado inversiones.

La del envejecimiento.

La energética.

La climática.

La industrial.

La migratoria.

La militar.

La institucional.

Y una especialmente cara:

la factura de haber prometido estabilidad política en una época que dejó de ser estable.

Ese podría ser el verdadero Blue Monday.

No que todo vaya mal.

Sino que ya no existe un problema único que podamos resolver para volver a la normalidad.

La normalidad anterior incluía:

energía barata

globalización estable

inflación baja

tipos mínimos

seguridad estadounidense

China creciendo

Rusia vendiendo gas

clima relativamente previsible

y ciudadanos convencidos de que sus hijos vivirían mejor.

Bastantes de esas variables han cambiado.

Algunas radicalmente.

Quizá Europa no necesite volver a despertarse

Ya está despierta.

Muy despierta.

Demasiado.

Francia grita.

Portugal acampa.

Italia protesta.

España vota.

Alemania gira.

El Mediterráneo se desborda.

Y Bruselas intenta convertir veinte crisis diferentes en una estrategia común.

Eso es Europa este lunes.

No una civilización al borde del colapso.

No una revolución.

No un fascismo continental inevitable.

No una izquierda tomando las calles.

No una conspiración.

Algo probablemente más difícil de resolver:

millones de personas en países diferentes llegando simultáneamente a la conclusión de que la vida cotidiana está funcionando peor de lo que debería.

Y esa clase de malestar tiene una propiedad políticamente peligrosa.

No necesita saber todavía qué quiere.

Le basta con saber:

que quiere otra cosa.

Ese es el Blue Monday.

Y mañana es martes.

Pd: No pienses que irte fuera de la galaxia es algo interesante, o un escape, los problemas viajarán contigo.

FACE IT.