15M de Temu

El desahucio de una mujer de 87 años devuelve las tiendas a Sol. Pero el conflicto ya no es solo propietarios contra inquilinos: es cómo se reparten vivienda, riesgo y patrimonio en un país que envejece.

·

3 min de lectura

EL EFECTO MARICARMEN

El 15M vuelve a aparecer, pero esta vez en una España atravesada por la IA y la longevidad.

El desahucio de Maricarmen Abascal (menudo apellido señora), una mujer de 87 años que llevaba décadas viviendo en la misma casa, ha provocado algo que trasciende su caso. La movilización alrededor de su desalojo ha recuperado imágenes reconocibles del 15M: tiendas en Sol, indignación ciudadana y una demanda que pretende convertirse en presión política. (elDiario.es)

La diferencia es que estamos en 2026.

El problema ya no es únicamente que una persona pueda perder su vivienda. Es que vivienda, patrimonio, longevidad y futuro están empezando a formar parte del mismo conflicto. Una generación joven encuentra dificultades para acceder a una casa mientras otra generación envejece sobre un patrimonio que puede convertirse en objeto de disputa. Y la IA añade una paradoja: una sociedad capaz de automatizar cada vez más trabajo todavía no ha resuelto cómo garantizar estabilidad material durante vidas cada vez más largas.

El caso Maricarmen ha conseguido además alterar la conversación política. El Gobierno estudia nuevas medidas sobre vivienda (con muchas prisas, malas prisas) y la presión social está afectando a la negociación parlamentaria, incluida la posición de Junts, que ha planteado protección para pequeños propietarios e incentivos al alquiler. (El País)

LA NEGOCIACIÓN

El conflicto podría estructurarse alrededor de varias cuestiones compatibles:

Protección: evitar que personas vulnerables pierdan su vivienda sin alternativa. ES JUSTO

Oferta: aumentar el número de viviendas disponibles para evitar que toda protección al inquilino termine trasladándose al mercado.

Propiedad: proteger al pequeño propietario sin equipararlo necesariamente a grandes operadores inmobiliarios.

Longevidad: empezar a considerar la vivienda como infraestructura de una vida que puede durar muchas décadas más.

La cuestión política deja así de ser únicamente «propietarios contra inquilinos» y pasa a ser cómo repartir seguridad, riesgo y patrimonio en una sociedad que está cambiando demográficamente.

LA SEÑAL INAT

El 15M nació cuando una generación descubrió que su futuro no estaba garantizado.

El efecto Maricarmen puede estar mostrando algo diferente: que en 2026 el conflicto ya no es solamente por el futuro, sino por quién puede conservar un lugar en él.

La IA promete aumentar la capacidad productiva. La longevidad promete aumentar el tiempo de vida. La pregunta política que queda entre ambas es mucho más antigua:

¿Cómo construimos una sociedad en la que vivir más no signifique simplemente tener más años para disputar los mismos recursos?

Quizá la paradoja sea esta: estamos enseñando a las máquinas a pensar, intentando que los humanos vivamos cien años y celebrando que cada vez podemos hacer más cosas con menos personas, mientras seguimos discutiendo quién tiene derecho a una llave (de hierro, como en el medievo, y antes). El futuro llega a velocidades cuánticas, pero la pregunta sigue teniendo forma de portal inmobiliario. Y quizá Maricarmen no sea el símbolo de un fracaso del pasado, sino el incómodo recordatorio de que podemos estar construyendo una civilización capaz de prolongar la vida sin haber aprendido todavía a hacerla habitable.

Pero ojo, incluyamos a los expertos en vivienda, en el mercado, el real, porque sin su opinión, viviremos una distopía que ni los bandos actuales (demodé absolutamente) pueden siquiera imaginar.