
La televisión pública vasca adjudica a Overon, del grupo Mediapro, la gestión de su ecosistema audiovisual digital. Mientras el Gobierno Vasco defiende la soberanía tecnológica y el fortalecimiento de la industria propia, surge una pregunta incómoda: ¿están las plataformas públicas construyendo un ecosistema digital vasco o simplemente trasladando la televisión tradicional a internet?
Bilbao, 4 de noviembre de 2026 | Tecnología, política y sociedad
Euskadi habla de soberanía digital. De controlar sus datos, desarrollar tecnología propia, fortalecer su industria y evitar que el valor económico de la transformación digital termine fuera de su territorio.
Pero cuando llega el momento de contratar tecnología, las prioridades pueden ser otras.
El caso de EITB resulta especialmente interesante.
En septiembre de 2026, el grupo audiovisual público adjudicó a Servicios Audiovisuales Overon, sociedad con sede en Barcelona e integrada en Grup Mediapro, un contrato de 3.457.800 euros, sin IVA, para el desarrollo y la gestión de una plataforma de distribución audiovisual OTT.
No se trata exclusivamente de ETB ON. El contrato comprende el ecosistema tecnológico que da servicio a PRIMERAN, MAKUSI, GUAU, ETB ON y EITB Artxiboa.
La duración inicial es de 24 meses, con posibilidad de tres prórrogas anuales. El valor estimado del contrato alcanza los 10.073.250 euros, aunque esa cifra no representa un gasto ya ejecutado.
La adjudicación corresponde al expediente público 2026.12.
Hasta aquí, una contratación tecnológica ordinaria.
Lo interesante comienza cuando se observa quién concurrió.
Tres empresas, dos con sede en Bizkaia y una adjudicación en Barcelona
Según la documentación publicada por el Gobierno Vasco, tres empresas presentaron ofertas:
- Servicios Audiovisuales Overon, con sede en Barcelona
- Agile Content, con sede declarada en Derio, Bizkaia
- Euskaltel, también con sede declarada en Derio, Bizkaia
La adjudicataria fue Overon.
Conviene dejarlo claro: que una empresa tenga su sede fuera de Euskadi no constituye una irregularidad. La contratación pública debe respetar la libre concurrencia, los criterios objetivos y la normativa aplicable.
Tampoco sabemos, sin examinar los informes de valoración completos, qué diferencias técnicas o económicas determinaron el resultado.
Pero la pregunta de política industrial sigue siendo legítima.
¿Qué papel ocupa el desarrollo del tejido tecnológico vasco en las decisiones estratégicas de compra de una institución financiada con recursos públicos?
No se trata de exigir contratos reservados por domicilio social. Se trata de preguntar si los concursos incorporan, dentro del marco legal, objetivos verificables de transferencia de conocimiento, colaboración tecnológica, formación o fortalecimiento del ecosistema productivo.
Porque una administración puede cumplir escrupulosamente la legalidad de un procedimiento y, al mismo tiempo, necesitar explicar cómo encaja esa decisión en su estrategia de desarrollo económico.
La paradoja de una soberanía tecnológica que no siempre se traduce en capacidades propias
El 19 de junio de 2026, el Gobierno Vasco celebró una jornada dedicada precisamente a la soberanía digital.
La consejera María Ubarretxena defendió la necesidad de construir capacidades propias, controlar los datos y utilizar la transformación digital para mejorar la competitividad de las empresas vascas.
El planteamiento es ambicioso.
Y coherente con un territorio que quiere desempeñar un papel relevante en la industria tecnológica europea.
Sin embargo, apenas tres meses después, EITB adjudicaba la renovación de su ecosistema OTT a una compañía radicada fuera de Euskadi.
Esto no demuestra que EITB carezca de soberanía sobre sus plataformas. La propiedad de los datos, el control del software, las condiciones de salida del proveedor y la ubicación de los servidores deben analizarse contractualmente.
Pero sí permite plantear una cuestión más profunda.
La soberanía digital no consiste en que una institución tenga una aplicación con su logotipo. Consiste en saber qué controla, de qué proveedores depende y cuánto conocimiento queda en su territorio después de cada inversión.
¿Qué capacidad tendría EITB para migrar sus plataformas a otro proveedor?
¿Qué tecnología es propiedad del grupo público?
¿Qué conocimiento se transfiere a sus equipos?
¿Qué empresas vascas participan en el desarrollo, la operación y la evolución tecnológica?
Y, especialmente, ¿cuánto de esa inversión fortalece capacidades que puedan utilizarse en otros proyectos del ecosistema audiovisual vasco?
Esas respuestas permitirían medir la soberanía con algo más que declaraciones institucionales.
ETB ON: una plataforma digital que sigue pensando como una televisión
La segunda cuestión es editorial.
ETB ON nació en diciembre de 2025 como evolución de Nahieran, con una interfaz renovada, contenidos bajo demanda, retransmisiones en directo y acceso al archivo histórico de Euskal Telebista.
Supone una modernización importante de la distribución televisiva.
Pero modernizar la distribución no equivale necesariamente a transformar el modelo de comunicación.
La plataforma se presenta principalmente como un escaparate de la programación, los contenidos y las retransmisiones seleccionadas por EITB.
Hay contenidos vascos, programas culturales, producciones externas y espacio para acontecimientos deportivos y sociales.
Sin embargo, su propuesta no parece concebida como un espacio abierto de distribución para la diversidad de creadores digitales independientes que hoy producen contenido en Euskadi.
Y aquí aparece otra contradicción que merece discusión.
En plena economía de los creadores, una televisión pública puede disponer de tecnología del siglo XXI y continuar funcionando con una lógica editorial del siglo XX.
No hablamos de permitir que cualquiera publique cualquier cosa.
Hablamos de construir mecanismos profesionales y transparentes para que podcasts, documentales, formatos digitales, series web, divulgación tecnológica, producción cultural independiente y otros contenidos de interés público puedan encontrar nuevas ventanas de distribución.
EITB ya cuenta con un portal para que productoras presenten proyectos. PRIMERAN también ha incorporado producciones y agentes externos, y mantiene una vocación de difusión del audiovisual en euskera.
Por tanto, no sería correcto afirmar que el grupo excluye toda creación independiente.
La pregunta es otra: ¿por qué no convertir ETB ON, además de en una televisión a la carta, en una infraestructura de descubrimiento del talento audiovisual que se produce fuera de sus circuitos habituales?
Una televisión pública no debería medirse únicamente por cuántos contenidos consigue distribuir, sino también por cuántas oportunidades genera para el ecosistema cultural al que sirve.
Organizar encuentros con creadores no es lo mismo que distribuir sus contenidos
Existe un detalle especialmente oportuno.
El 3 de noviembre de 2026, EITB anunció ESE26, un encuentro profesional de creadores de contenidos que se celebrará el 26 de noviembre en Bilbao.
Su objetivo declarado es promover la creación, las relaciones profesionales y la presencia del euskera y la identidad vasca en las redes sociales.
Es una iniciativa que reconoce la importancia del nuevo ecosistema creativo.
Pero también plantea una oportunidad.
¿Qué sucede después del encuentro?
¿Podrán los creadores acceder a una ventana estable en las plataformas digitales públicas?
¿Existirán convocatorias específicas para formatos nacidos en internet?
¿Habrá acuerdos de distribución, licencias remuneradas y mecanismos transparentes de selección?
¿O la relación continuará concentrándose en eventos, colaboraciones puntuales y adaptaciones de esos creadores a programas convencionales?
Invitar a los creadores a un encuentro puede generar contactos. Incorporarlos de manera estable a la distribución pública puede generar industria.
La diferencia es económica, cultural y estratégica.
Una plataforma pública no tiene por qué ser un jardín cerrado
Euskadi cuenta con productoras, profesionales audiovisuales, desarrolladores, artistas digitales, divulgadores, periodistas independientes y creadores especializados que publican sus trabajos a través de plataformas internacionales.
YouTube, Instagram, TikTok, Twitch y Spotify actúan como canales habituales para llegar a sus audiencias.
Son empresas privadas con modelos de negocio, algoritmos y reglas de monetización que no dependen de las instituciones vascas.
Por supuesto, no todo contenido independiente reúne las condiciones editoriales o legales necesarias para formar parte de una plataforma pública.
Pero la existencia de requisitos no impide desarrollar un modelo de distribución con curaduría, criterios publicados, remuneración adecuada y diversidad de formatos.
Podría hacerse mediante una convocatoria de contenidos digitales, acuerdos de adquisición de derechos o espacios específicos para nuevos creadores.
No sería sustituir la línea editorial de EITB.
Sería ampliarla a formas de creación que ya forman parte de la realidad social.
Porque el valor público de una plataforma audiovisual no reside únicamente en conservar y distribuir lo que produce una institución.
También puede residir en hacer visible aquello que una institución no produce, pero que contribuye a la cultura, al conocimiento y a la conversación pública del país.
El dinero público debería dejar algo más que una plataforma funcionando
La tecnología audiovisual exige inversiones. Requiere especialistas, infraestructuras robustas, sistemas de protección, aplicaciones compatibles y mantenimiento permanente.
Es perfectamente razonable que EITB contrate empresas especializadas.
La discusión no consiste en negar ese gasto.
Consiste en exigir que su valor sea medible.
Una inversión pública en tecnología puede producir varios resultados simultáneos: un servicio que funciona, conocimiento técnico, mejores herramientas, capacidades industriales y nuevas oportunidades de creación.
Pero estos resultados no aparecen automáticamente por contratar una plataforma.
Hay que incorporarlos a la estrategia, los contratos y los indicadores de evaluación.
Los 3,46 millones adjudicados a Overon permiten abrir esa discusión. No demuestran por sí solos una mala contratación, pero justifican preguntar qué beneficios adicionales se esperan para el ecosistema vasco.
Especialmente cuando dos de las empresas participantes declaraban su sede en Bizkaia.
La pregunta que EITB debería responder
El problema no es que una compañía de Barcelona desarrolle tecnología para una televisión vasca.
La contratación pública europea no funciona mediante fronteras comerciales.
El verdadero debate consiste en cómo compatibilizar la elección de soluciones técnicamente competitivas con la aspiración institucional de construir capacidades digitales propias.
Y también en definir qué debe ser una plataforma pública en una sociedad donde la televisión ya no concentra la creación audiovisual.
EITB tiene dos oportunidades.
La primera, hacer más transparente su modelo tecnológico: proveedores, inversiones, titularidad de los desarrollos, dependencia operativa, transferencia de conocimiento y colaboración con la industria vasca.
La segunda, explicar qué papel reservará a la creación digital independiente en su futuro ecosistema de distribución.
Porque una televisión pública puede seguir siendo propietaria de su programación y ejercer legítimamente su responsabilidad editorial sin convertir todas sus plataformas en escaparates exclusivos de su propia oferta.
La soberanía digital no se demuestra solamente teniendo la capacidad de emitir.
Se demuestra con capacidad de decidir, crear, desarrollar y distribuir.
Y quizá la pregunta más importante para EITB ya no sea quién puede ver sus contenidos, sino a cuántos creadores vascos permitirá llegar a quienes todavía no los conocen.


